Hola Universo!
El Golem es un blog personal. Me paso mucho tiempo delante de varios ordenadores currando, navegando y jugando. Después de tanto tiempo haciendo cositas en Internet, ahora le toca el turno a esto del Blog. Al traspasar el monitor de plasma este que suelo tener delante, soy Golem, el Golem, mi alter ego en la Red, donde con esta aventura del blog pretendo perpetuarme de alguna forma.
Jose Luis Borges Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dió a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,
la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.
José Luis Borges. (El Golem)
Pues al amparo de este magnifico poema, voy a contar la historia de el Golem, que me apasionó desde pequeño y de la que tomo el nombre desde que en 1995 empezé a entrar en Internet, primero como nick y finalmente como título de mis sitios web.
Cuenta la leyenda que durante la segunda mitad del Siglo XVI, vivía en la judería de Praga un hombre muy erudito y con mucha experiencia. Conocía a la perfección el Talmud y la Cábala, y además poseía grandes conocimientos de matemáticas y astronomía.
Conocía las claves de muchos secretos de la naturaleza que estaban ocultos para el resto de los hombres, y sabía obrar maravillas que dejaban asombrada a la gente. Su nombre era Yehuda Löw, el rabino Löw.
La más asombrosa maravilla del rabino Löw fue la creación de su Golem. La palabra “Golem” figura en el Antiguo Testamento, donde significa “germen, embrión”.
Más tarde, la expresión “Golem” se aplicó a un hombre inculto, rudo y necio, y también servía para referirse a un objeto inacabado. Finalmente también se utilizó para designar a una criatura artificial, que carece de alma y que cobra vida gracias a la fuerza mágica del nombre de Dios. En la Edad Media surgieron las primeras instrucciones para crear un Golem.
Reproducción de el Golem que me trajo mi hermano de Praga. El rabino Löw creó a su servidor Golem de arcilla. Le infundió vida introduciéndole en la boca el “shem”, una pequeña tira de pergamino con una inscripción mágica en hebreo que contenía el nombre de Yahveh. El rabino no podía dotar a la figura de arcilla del poder de discurso, porque el espíritu viviente que habitaba el Golem era sólo una clase de vitalidad animal, no un alma.
El Golem trabajaba por dos, acarreaba agua, cortaba leña, barría el suelo de la casa del rabino, y ejecutaba toda clase de tareas agotadoras.
El Golem no comía, no bebía y no necesitaba descanso. Sin embargo, al llegar el shabat, los viernes antes de la salida de la primera estrella, cuando debían cesar todos los trabajos, el rabino retiraba el “shem” de la boca del Golem, y este quedaba inmóvil, en un rincón de la casa, como un muñeco inerte. Terminado el shabat, la arcilla muerta recuperaba la vida luego de que el rabino volviera a introducir el shem en su boca.
Una vez, mientras se preparaba para oficiar la ceremonia del shabat en la sinagoga, el venerable rabino Löw se olvidó del Golem y no le sacó el shem de la boca. El rabino entró en la sinagoga y apenas había entonado el primer salmo, cuando llegaron corriendo unas personas de su casa y varios vecinos, aterrorizados. Le contaron al rabino que el Golem estaba enfurecido y que destrozaba todo lo que estaba a su alcance. Nadie podía acercarse a él, porque el furioso Golem lo mataría.
Tumba del rabino Judah Loew en Praga El rabino vaciló un instante porque se iniciaba el shabat y el canto del primer salmo ya se había realizado. Todo trabajo, toda labor, todo esfuerzo, por más insignificante que fuera era, a partir de ese momento, un pecado. El rabino pensó entonces que en realidad no había comenzado ya que no había terminado de cantar el primer salmo, y entonces se levantó, y se dirigió apresuradamente a su casa. No había llegado aún cuando ya escuchaba tenebrosos ruidos y ensordecedores golpes.
Entró entonces el rabino Löw y contempló horrorizado los estragos causados por el Golem: platos rotos, mesas, sillas, arcas y bancos volcados, libros esparcidos por el suelo. Había devastado el interior de la casa, y se había ensañado con los animales también, ya que todos los animales domésticos del rabino -gallinas, el gallo, pollos, perro y gato- yacían muertos en el suelo. Incluso había arrancado de la tierra un tilo de grueso tronco como si se tratara de una brizna de césped.
El rabino se dirigió inmediatamente al Golem. Lo miró fijamente, extendió sus brazos, y cuando estos rozaron al Golem, éste se estremeció. Miró atónito a los ojos del rabino como si la fuerza que emanaba de ellos lo hubiera inmovilizado. El rabino metió rápidamente la mano entre los dientes del Golem y sacó el shem.
El Golem se desplomó al suelo como si hubiera sido fulminado por un rayo, convertido nuevamente en un muñeco de arcilla. Todos los presentes, que se habían quedado a la puerta de la casa presas del pánico, lanzaban ahora exclamaciones de júbilo y sin temor se acercaban al inerte Golem, burlándose de él e injuriándolo.
El rabino respiró hondamente, y sin decir ni una sola palabra, regresó a la sinagoga, retomó el salmo y concluyó la ceremonia de inicio del Shabat.
Pasado el día del shabat, el rabino Löw no volvió a introducir el shem en la boca del Golem, y así éste ya no recuperó la vida, y como muñeco de arcilla fue depositado en el desván de la Sinagoga . El rabino Löw prohibió que ninguna persona se entrara jamás al desván, y así el Golem acabó transformándose en polvo.
Peligros de la nueva “creatividad”
Hace 15 horas

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